martes, 9 de julio de 2013

Viaje a las Batuecas (Julio de 2013)


DIA 1 (LUNES 1 DE JULIO)

  Alrrededor del mediodía, llegué al valle de las Batuecas, bien acompañado de mi tía Mari y mi madre. Comimos en un merendero (una deliciosa empanada de jamón) junto al río y, tras esperar a que parara una breve pero copiosa lluvia (que al llegar al ardiente asfalto se evaporaba, formando una leve neblina), me dirigí al monasterio (Santo Desierto de San José de las Batuecas), a conocer el lugar y a dejar el equipaje en mi celda (no de castigo; de hecho, era una habitación muy acogedora).

Entrada principal del Desierto de San José de Batuecas*
  Tras un camino sin asfaltar, acompañado de esbeltos cipreses que seccionaba la huerta en dos (por un lado, unos campos de vides, Vitis vinífera o similar, avellanos, Corylus avellana, cerezos, Prunus avium, lechugas, Lactuca sativa, y campos sin cultivo invadidos por gordolobo blanco o candelera, Verbascum lychnitis, y por otro lado, un campo de olivos, Olea europaea), encontré un amable monje que se presentó como Ramón, un hombre de hablar sosegado y rostro bondadoso, con el que charlé un rato (casualmente él también se crió en mi barrio). Me contó cómo funcionaba la hospedería y me enseñó la habitación, donde dejé mis posesiones. Al terminar, salí a despedirme de mi madre y de mi tía Mari, que había conseguido ver una ardilla oscura y una nutria (Lutra lutra), y me dispuse a dar el primer paseo.


  Salí poco cargado (lo necesario: guía de flora y fauna, cuaderno de anotaciones y bolígrafos, libro de lectura, botella de 1,5 L de agua, navaja por si las fieras y víveres por si los accidentes) y a los 10 minutos de marcha sosegada, disfrutando del sendero, me detuve 20 minutos junto al río, rodeado de álamos (Populus alba), alisos, (Alnus glutinosa), encinas (Quercus ilex), jaras pringosas (Cistus ladanifer), que dan al valle su olor característico, musgos (Bryopyta), etc…, disfrutando del paisaje y regresé al monasterio. Cuando llegué a la cocina (a dejar a enfriar una cerveza) vi que la cena tenía una pinta exquisita, pero ya tenía cena (más de la mitad de la empanada). Di un paseo tranquilo observando las plantas, como los racimos de campánulas (Campanula periscifolia), que crecía en la roca desnuda, o como un rosal silvestre (Rosa canina), que me mordió un poquito.

Caballito del diablo azul (Calopteryx virgo) descansando
  Después vi algunos animales, como mariposas de las especies C-blanca (Polygonia c-album), manto de oro (Lycaena virgaureae) y algún caballito del diablo azul (Calopteryx virgo, de un azul metalizado el cuerpo y un azul más oscuro las alas) que se encontraban en el sendero que va desde el camino que viene de la carretera, rodeando el muro del convento (cubierto de hiedra, Hedera helix) y el río, hasta llegar a la presa del convento.

El puente que conduce a la presa*
  Es un sendero, bordeado de robles (Quercus pyrenaica), cipreses (Cupressus sempervirens), castaños de indias (Aesculus hippocastanum), moreras (Morus alba), y algunos árboles centenarios (todos ellos cubiertos de musgo arbóreo, Evernia prunastri) como el eucalipto (Eucalyptus globulus) y el tejo (Taxus baccata) del convento, que va desde un claro cercano (donde, junto a unos riscos, se encuentra jabonera o saponaria, Saponaria officinalis, en gran cantidad) a la carretera (donde cerca hay madroños, Arbutus unedo) hasta la entrada de la reserva, cruzando un puente y pasando junto a la presa. Desde el comienzo del sendero hasta su final en la cascada de “el chorro” (a unas dos horas y media) se ve gran cantidad de alcornoques (Quercus suber) con la corteza pelada, pues, cada cierto tiempo, vienen corcheros en caballos o en mulas recogiendo el corcho.

 
Poza del Batuecas*.
  Me deleité con la paz que se respiraba: el susurrar del agua cristalina, el murmullo del viento meciendo las hojas de los árboles, el canto de los pájaros (de mirlo común, Turlus merula, y mirlo acuático, Cinclus cinclus, entre otros,...). A la media hora de marcha (relajada y escrutadora), me tropecé con un risco que me pareció el cenador perfecto para mí, pues coronaba la poza del rey y tenía esplendidas vistas.

  Una vez escaladas las rocas, calentitas aún al anochecer, me instalé cómodamente en la cima, con una panorámica sin igual. Cené tranquilamente (la empanada, patatas fritas, cervecita fresca y barrita de chocolate de postre) escuchando la agreste sinfonía de aquellos indómitos parajes. 



  Tras cenar y bajar la escarpada pared rocosa, me decidí a seguir ribera arriba del río, cuando oí un fuerte ruido, como de desprendimiento, no muy lejos de mí. Me acerqué, y ante mi sorpresa (y mi incredulidad) estaba una cría de cabra montés (Capra pyrenaica) que se acababa de despeñar y estaba malherida. Al principio pudo la fascinación de ver a un ser tan hermoso, tan puro, tan inocente,… tan cerca de mí (habría sido un encuentro mágico, si no hubiese estado impregnado de tragedia).



  Pero cuando se movió y se hicieron patentes las lesiones, y me miró con más dolor que miedo, venció el horror. La intenté tranquilizar, hablándole e intentando darle de comer, pero se negaba y se alejaba de mí, hacia una zona de mayor altura. Rápidamente le corté la salida hacia la caída, pero se asustó y se precipitó hacia el río, tropezándose, golpeándose y poniéndose en riesgo de ahogarse (pues estaba a punto de quedarse inconsciente).
  La saqué como pude, pues pesaba bastante, y de otro esfuerzo la puse en una zona de hierbas blandas y musgos. Sentí una profunda tristeza, una gran impotencia,… No sabía qué hacer, no la quería dejar allí sola, pues empezaba a oscurecer y temía que algún depredador viera la fácil presa que era la cabritilla. Acaricié su pelaje de algodón, apenado.
  Pero no tenía otra opción: corrí como pude por el sendero plagado de piedras y desniveles, dándome toda la prisa posible (tardé unos 10 minutos). En el convento salió en mi ayuda el padre Ramón, y marchamos presurosos con una carretilla que devoraba los tortuosos caminos.
  Tardamos unos 20 minutos, y al llegar y dejar la carretilla, con el sonido de nuestras voces, la cabritilla se asustó e intentó huir, pero a pocos metros se desplomó. La volví a acariciar con ternura y se tranquilizó un poco. Cogimos la cabra entre el monje y yo, cuya gran fuerza me asombró, y cruzamos el río: el padre Ramón por las piedras (no tenía calzado adecuado) y yo por el río (como ya tenía empapadas las botas no me importó en absoluto). Llegamos a la otra orilla y la subimos a la carretilla. Volvimos por el abrupto camino, con mucho cuidado de los baches, turnándonos la carretilla, y dejamos a la cabritilla, en una nave pequeña del convento, sobre una mantita (el monje dijo que al día siguiente llamaría a la Guardia Civil para que la recogieran).

Sapo común (Bufo bufo spinosus) dando su paseo nocturno.
  A medianoche, tras ducharme, hice la mochila para darme otra vuelta y ver los bichos de la noche. Primero fui hacia la presa, situada a unos 5 minutos del convento, atravesando un puente sobre un afluente del Batuecas, y conseguí ver y grabar un sapo común (Bufo bufo) gracias a la linterna (de batería humana) que me había dejado Mari.

  Después me encaminé hacia la zona del eucalipto del convento, por un camino invadido de raíces y cigarras (Cicadetta montana), donde casi me desgorra (ponerse la gorra es más rápido y útil que peinarse) un murciélago: posiblemente un murciélago grande de herradura (Rinolophus ferromequinum) o un murciélago de huerta (Eptesicus serotinuso) o un murciélago de bosque (Barbastella barbastellus), que son los que suelen frecuentar el valle.

El sendero que bordea el muro del monasterio, lleno de raíces*.
  Entonces escuché un bicho (un bichazo, más bien; probablemente una cabra montés joven) que debió oír mis pasos, y se tiró al río, asustado, sobresaltándome con el ruido de la zambullida. Llegué a la celda a la una y media de la madrugada, y, tras escribir esto y leer un poco un libro de Gerald Durrell, me dormí.

DIA 2 (MARTES 2 DE JULIO)

Caballito del diablo verde
(Calpoteryx splendens) tomando el sol de la mañana.
  Por la mañana, tras tomarme un café y fumarme un cigarro salí al bosque, y, al llegar a la presa, ya había visto el caballito del diablo azul y el caballito del diablo verde (Calopteryx splendens). En ese tramo también vi una culebra verde, larga y gruesa, probablemente un bastardo o culebra de Montpellier (Malpolon monspessulanus), atravesando el camino para esconderse entre unos arbustos, con la consiguiente sorpresa.


Lagarto verde, Lacerta bilineata*.
Mariposa Apolo, Parnassius apollo*.
  A 10 minutos de marcha de las marmitas de gigante, donde me di un baño la mar de rico (se encuentran a 20 minutos del convento, avisté un lagarto verde (Lacerta bilineata) de unos 30 cm, que estaba tomando el sol en un claro del sendero y al verme próximo corrió veloz a esconderse bajo una roca. En el camino de vuelta divisé varios ejemplares de diversas y bellas especies de mariposa: unas anaranjadas y juguetonas de la especie manto de oro que revoloteaban entre helechos (Pteridium aquilium), así como la también anaranjada pero desgastada C-blanca y la blanca con manchas negras y rojas Apolo, (Parnassius apollo). También vi una lagartija, de unos 15 cm, de color marrón claro con rayas horizontales blancas y marrón oscuro que podría tratarse de la lagartija de turbera (Lacerta vivípara).

  A las dos, tras de degustar una rica comida (macarrones con chorizo, mucho queso fundido y salsa de tomate casera con trocitos de tomate de la huerta y tomillo salvaje del valle, y, de postre, queso con membrillo, que es la primera vez que me gusta, y sandía, también de la huerta), recoger y fregar, me fui a fumar un cigarro y a leer un poco de Miguel Hernández al puente que está más próximo al Desierto, y tras lavar un poco de ropa me dispuse a subir a las altas cumbres, a ver si encontraba cobertura.
Lavanda (cantueso) junto a jara pringosa.
  Tras un buen rato de marcha, por un camino guardado por saltamontes de ala listada (Stenobothrus lineatus), saltamontes verde (Omocestus viridulus) y saltamontes de alas azules (Oedipoda caerulescens) y trazado por lavanda o cantueso (Lavandula stoechas) y jara pringosa, y bajo un sol inmisericorde (aliviado por breves tramos de sombra de pinos albares, Pinus sylvestris, de uno de los cuales bajaba cabezabajo un trepador azul, Sitta europaea, indiferente a la Ley de la gravitación universal), y una ardua escalada por las abrasadoras rocas y los filosos riscos, llegué a una pequeña cumbre donde encontré cobertura y pude llamar. Tardé en bajar una tercera parte de lo que demoré en subir debido a las ganas que tenía de ir al bosque.


  Al pasar delante del puente cercano al monasterio vi multitud de mariposas, nubes podría decirse, pues iban en manada. Además de C-blanca, manto de oro y Apolo, vi la azulona hormiguera de lunares (Maculinea arion). También contemplé el vuelo laborioso de las abejas (Apis mellifera iberica) y el ruidoso vuelo de los abejorros (Bombus terrestres) recolectando el polen de las amapolas (Papaver rhoeas), las clavelinas (Dianthus carthusianorum) y diente de león (Taraxacum officinale), de entre otras flores.
  En cuanto la vegetación lo permitió, me salí del camino para continuar por la orilla del río (en muchos tramos inexistentes), y, tras pasar el trecho donde ayer ocurrió el episodio de la cabritilla, encontré una poza larga, estrecha y poco profunda, en la que se podían observar renacuajos, unos pececillos plateados y alargados de unos ocho centímetros llamados bermejuelas (Achondrostoma arcasii), caballitos del diablo azul y verde, y alguna libélula vulgar (Gomphus vulgatissimus).


  Mientras escribía esto, me estaba tomando una cerveza enfriada en el Batuecas (me gusta más como enfría el congelador del Desierto), y el viento, revoltoso como soplaba, empujó la mochila contra la cerveza (apoyada en el suelo de roca), derramándola.
  Una hormiga negra (Lasius niger) soldado, confundiendo el charco de cerveza con la cantina, se precipitó, casi ahogándose. Como me sentí responsable, la intenté rescatar, tirándola involuntariamente al río, con lo que me tocó sacarla con la mano y recibir un besito de agradecimiento. Pese al incidente empezaron a venir cada vez más hormigas soldado.

Libélula emperador, Anax imperator*.
  Según estaba buscando en la guía los peces que me acompañaban (las bermejuelas), pasó ante mí, con un vuelo silencioso, una majestuosa libélula emperador (Anax imperator) de un potente azul metálico. Cerca de las seis, pese a que mis ajados pies y mis exhaustas piernas protestaban, continué caminando río arriba. Me encantó ser testigo de los salerosos saltos de una ranita de San Antonio (Hyla arborea) entre las rocas de una poza tranquila.

Ranita de San Antonio, Hyla arborea*.
  En el camino de vuelta, que lo hice por el sendero, logré ver una gran cantidad de animales, como un felino entre la vegetación, probablemente un gato montés (Felis silvestris, es más improbable que se tratara de un lince ibérico, Lynx pardinus).
Joven lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi)*.
  Sobretodo vi reptiles (fue, en toda regla, el día de los reptiles): una lagartija de bocage (Podarcis bocagei), con la cabeza marrón grisáceo, la zona inferior rojiza y la intermedia de transición, y dos líneas amarillas laterales, que estaba bronceándose en una roca; una lagartija roquera (Podarcis muralis), de un marrón claro moteado de marrón oscuro, marrón verdoso y marrón amarillento, que estaba mimetizada entre las jaras y las rocas; un gran lagarto verde que al verme huyó veloz a refugiarse; un joven lagarto verdinegro (Lacerta schreiberi), con el cuerpo verde ligeramente amarillento con manchas amarillas a los flancos y una larga cola de un amarillo anaranjado, que corrió rápidamente a esconderse entre los arbustos; y otra lagartija, de un oscuro color cobrizo con motas mas oscuras, que no he conseguido identificar.


Granado (Punica granatum) en el huerto del Desierto
  Tras una cena deliciosa (uno de los platos era un manjar: una hamburguesa vegetariana, más sabrosa que cualquier hamburguesa normal que haya comido) me fui a pasear por los huertos del monasterio con los huéspedes Jorge y Pablo, viendo los caquis (Diospyros kaki), las plateadas lunarias (Lunaria annua) y las bellas flores del granado (Punica granatum), entre otras cosas.
Sapo partero (Alytes cisternasii) posando para la cámara.
  Después, me dispuse a pasear, pero mis pies sugirieron sentarse junto al río; así pues, accedí. Al cruzar el río, logré ver (realmente antes lo sentí, porque, al estar camuflado entre las rocas y el musgo, le pisé una patita al pobre) un sapo común que se quedó un rato a que le hiciera un reportaje.




Sapo alpinista en el Eucalipto del convento.
  Luego me dirigí a buscar a Jorge y Pablo, pues habíamos quedado para ir al eucalipto del convento (donde la noche anterior había escuchado el bichazo, pues ellos también habían paseado por allí y escuchado y sentido un animal bebiendo que podría ser una cabra montés). De camino, escuchamos el inconfundible sonido del autillo (Otus scops). Mientras estábamos esperando a que viniera la cabra, vimos un sapo alpinista (parecía otro sapo partero, pero no estoy seguro...) intentando hacer cumbre en el eucalipto (26 metros de altura).




Cabra montés (Capra pyrenaica) en unos riscos*.
  Al poco rato empezamos a escuchar, entre el susurro del agua, un murmullo de pezuñas entre las rocas y el balar mudo de una cabra montés. Jorge se puso a tocar, intermitentemente, una suave melodía con una flauta de bambú, y, curiosamente, empezamos a oír los sonidos animales de distintas direcciones y cada vez más cercanos, como si las cabras estuvieran disfrutando del recital. Nos marchamos pronto, pues ellos solían despertarse temprano (Pablo y Jorge, que no las cabras) y yo estaba cansado de la escalada a primera hora de la tarde y el buen paseo que me di hasta la hora de cenar. Tras inocularme una buena dosis de exquisita miel casera (poco refinada y con pequeños trocitos de panal, por lo que es más dulce y espesa), escribí esto y me fui a dormir.


DIA 3 (MIÉRCOLES 3 DE JULIO)

  Tras despertarme debido a los cantos (carmelitas, que no gregorianos) de los monjes, me preparé un café y me fui a la huerta a degustarlo. Después de charlar un rato con el padre Ramón y arreglar la puerta (que se negaba a cerrar), me puse a preparar todo lo necesario para la excursión al “chorro” que iba a hacer con Jorge y Pablo. A los 5 minutos de llegar al río (tras 20 minutos de marcha por el sendero), Jorge se marchó corriendo río arriba, saltando de roca en roca, de árbol en árbol y en chanclas, como Frank de la jungla.

Rosal silvestre (Rosa canina) a la luz matutina.

Mirlo acuático, Cinclus cinclus*.
  Nos quedamos Pablo y yo solos, y no conseguimos llegar (nos equivocamos en la primera bifurcación del río), pero vimos gran cantidad de animales: un mirlo acuático bebiendo de una cascada en pleno vuelo, pájaros diversos, lagartijas de bocage, de turbera y roquera, un sapillo que no se dejó ver mucho y multitud de libélulas y caballitos del diablo. Subí un tramo solo, buscando orientarme y, aunque no vi la cascada, vi una manada de cabras montesas (un macho, dos hembras y tres o cuatro crías), con lo que di media vuelta, satisfecho de que la marcha no hubiera sido en balde. En el camino de vuelta, Pablo y yo estábamos cansados, sedientos y sin una gota de agua, así que tuvimos que coger agua de una cascada del río, poniendo, eso sí, una toalla como filtro en la boca de la botella (técnica del toallifiltro).

  Después de comer, mientras me fumaba un cigarro y leía la “Canción última” de Miguel Hernández, logré ver una mariposa Sofía (Issoria lathonia) revoloteando entre las flores que hay en el claro que está entre el puente y la puerta del monasterio. Luego me fui a despedir de Jorge y Pablo, que ya se iban. Me dirigí a la presa, y tras ver un lagarto verde, me dispuse a buscar unos versos dignos de este paraíso, y a descansar, pues llevaba unos días sin parar de andar (tanto que mi bota izquierda se suicidó).
Mariposa vanesa, Vanessa atalanta*.
Mariposa limonera, Gonepteryx rhamni*.
  Paseando por el sendero que va siguiendo el muro del convento pude ver una mariposa vanesa o almirante rojo (Vanessa atalanta) de gran tamaño volando en largas y suaves ondas buscando flores. Fui al paseo de madera que han instalado (entre los aparcamientos y el sendero que conduce al monasterio) y vi gran cantidad de flores en los lindes del camino, como dedalera (Digitalis purpurea), lavanda, diente de león,… y un colorido pito real (Picus viridis) taladrando los pinos. Ya en el camino de vuelta, pude ver varias mariposas blanca de la col (Pieris brassicae), de vuelo zigzagueante y una limonera (Gonepteryx rhamni), que me dio una alegría, pues era la primera que veía tras mucho buscarla entre mariposas amarillas.

  Di un paseo por la huerta, donde vi un pequeño pájaro (no identificado) descogotando (con cierta gracia) a golpes una gran oruga contra la rama sobre la que estaba posado; y tras cenar (patatas con bacalao, la primera vez que me gusta, y yogur casero, un poco líquido pero delicioso con la miel, que al ser muy espesa, además de endulzar también equilibraba la densidad), escribí un poco sentado en el camino del monasterio, entre las huertas y los árboles, en los cuales había multitud de cucos (Cuculus canorus), y charlé un buen rato con uno de los huéspedes, hasta que me recogí en la celda, donde leí un poco de "Campos de Castilla" de Antonio Machado antes de dormirme.

DIA 4 (JUEVES 4 DE JULIO)

Flor de la adelfa (Nerium oleander).
  Me desperté muy temprano con el bullicio de los pájaros, entre los que reconocí al ruiseñor (Luscinia megarhynchos). Mi primer pensamiento fue que era el último día que pasaría en aquel tranquilo lugar tan lleno de vida. Tras desayunar en el huerto y hablar junto a las adelfas (Nerium oleander) con un monje amabilísmo, llamado Francisco, que me dio unos mapas para llegar al "chorro" (esperaba tener fuerzas después de comer, pues me levanté bastante cansado por la marcha del día anterior), estuve escribiendo otro poco, continuando la composición que había empezado a hilar la noche anterior.

  Después de comer (ligero y vegetal, para hacer la marcha más llevadera) preparé todo el material necesario y salí sin demora (sobre las tres menos cuarto). Hice unos 20 minutos del camino por el sendero, pero el resto lo hice por el curso del río, con lo que ello conlleva: más rocas y pasos difíciles, más animales y más diversión.



  En una zona pedregosa situada entre el río y el sendero (antes de que se perdiera por las alturas) pude ver el correteo inquieto de un escarabajo terrestre Pterotichus niger. Cuanto más subía río arriba, más complicado era avanzar, debido a la frondosidad.
Rana europea común, Pelophylax ridibundus.
  También pude observar el apareamiento de un caballito del diablo de color pardo ambarino con otro de color rojo, una culebra acuática o viperina, (Natrix maura) nadando en zigzag a refugiarse bajo una roca sumergida, y admirar una pequeña y preciosa rana europea común (Pelophylax ridibundus, verde y de unos 25 mm) en su más tierna infancia.






Herrerillo, Cyanistes caeruleus*.

  Seguí caminando y vi, junto a una zona de densa arboleda, el eficiente ajetreo de las hormigas carpinteras (Camponotus lateralis) entre los troncos caídos. Antes de llegar al segundo desvío logré divisar un herrerillo (Cyanistes caeruleus) refrescándose en un charco, así como un carbonero (Parus majorvolviendo a casa con la merienda.A las dos horas de marcha (encontrándome a 15 minutos del “chorro”), el cauce del río se volvía intransitable y me di la vuelta, dándome por vencido. A los dos minutos de bajar el río (donde vi una tarántula de tamaño medio poniéndose morena en un canchal), buscando un modo de cruzar la orilla, me topé con el sendero que llevaba al chorro. En ese sendero (que bordeaba los altos y rocosos farallones) pude ver, entre jaras y escobas (Cytisus scoparius), un pequeño saltamontes, de unos 4 mm, de color verde (¡más majo!) comiendo de una hoja, gigantesca bajo sus patitas. Cerca de allí vi una arañita negra y pequeña con un correteo inquieto y veloz.

Chorritín del "Chorro".
  Llegué al “chorro” sobre las cinco, sudoroso, exhausto y con la gorra hacia atrás (sí, a lo Frank de la jungla) debido a que la visera chocaba continuamente contra las ramas bajas. Después de dejar la camiseta (empapada, debido a la ardua excursión bajo el sol abrasador) secándose sobre un acebo (Ilex aquifolium), me pegué una ducha gloriosa y vivificadora en la cascada, y, tras anotar unas líneas, me llené de valor para escalar los riscos que me conducían a la cima de la cascada.
  En el camino pude observar, entre las rocas, una lagartija de color marrón claro, con una gruesa línea lateral de color marrón oscuro y el vientre verdoso, toda ella punteada de un verde oscuro casi negro, probablemente una lagartija serrana (Iberolacerta monticola). Por fin en la poza de la cima del "chorro", me bañé (falta me hacía, y mucha).


Mientras me fumaba el cigarrito de la victoria, sumergido hasta la cintura en una poza poco profunda (como mido 1´90 poza profunda entiendo a partir de 2 metros) pude observar el buceo frenético de unos pequeños y negros escarabajos acuáticos que no he podido identificar (ya los había visto río abajo; viven en grupos y cada vez que de acercaba un depredador, por lo general un caballito del diablo, nadaban mucho más rápido) y ver unos zapateros flotando (Gerris lacustris) y unos escarabajos acuáticos Acilius sulcatus escondiéndose entre las multicolores alguitas. Tras enfriar en el río la escasa agua que me quedaba, haberme refrescado, sacar unos vídeos y ser acosado por un bicho zumbado que no paraba de zumbarme en la oreja, me dispuse a iniciar el descenso.
El "Chorro" en época de lluvias*.

Lagartija batueca, Iberolacerta martinezricai*.
  En la bajada vi tres tipos de lagartija: una lagartija roquera, camuflada a la perfección entre los peñascos, una lagartija de bocage en su arbustivo refugio y una preciosa lagartija batueca (Iberolacerta martinezricai), endémica de la zona, y en peligro crítico de extinción, con un color marrón moteado de negro y un vientre ligeramente verdeazulado. También vi rocas cubiertas de un mar de patas de opiliones de las paredes (Opilio parietinus), así como un sapo junto al lecho del río, que se acobardó al verme y se metió en un agujero entre unas rocas.


  Además me asombro una construcción arácnida entre dos rocas por las que pasaba un trecho tranquilo del río: consistía en varios hilos de tela de araña gruesos, a modo de cimientos, en los que sustentaban una gran cantidad de telas de araña, a modo de apartamentos, de distintas especies de araña: la alargada tretragnata extendida (Tetragnatha extensa) y al menos dos especies que no he podido identificar, una pequeña y negra y, otra, más grande, de un color pardo oscuro grisáceo. También pude observar el efecto de la erosión marina sobre las rocas, producida antes de que estas tierras emergiesen del fondo del mar.


  Una vez acabadas las reservas de agua, me tocó volver a hacer la técnica del toalliflitro, esta vez, con la gorra (gorrifiltro); y, al poco de reanudar la marcha encontré, detrás de dos enormes rocas que formaban pequeñas cascadas, un mirlo común bebiendo del río, que, al verme aparecer repentinamente a corta distancia, se asustó tanto que mientras emprendía raudo el vuelo, dejó caer un regalito en el Batuecas. Poco después pude ver entre los árboles y la maleza una joven cabra montés dirigiéndose hacia el río.
Vista del Desierto*.
  Al llegar a la poza del rey me pegué un baño que me dejó nuevo, y me dirigí al monasterio para cenar. La cena estaba deliciosa: un solomillo con tomate y lechuga de la huerta, y un plato que siempre me ha horrorizado, y que, curiosamente, a mi padre le encanta; que consiste en una especie de sopa de patatas con tropezones varios, y como aderezo, un rebozado de bacalao: riquísimo.

  Después de cenar, me encaminé a esconder un mensaje tras una señal para indicarles a mis padres como encontrarme, pues al día siguiente vendrían a recogerme. De camino a las señales (mejor dos mensajes que uno) vi una linda ranita roja, la rana patilarga (Rana iberica).


  Aquel fue el día de los anfibios: vi tres especies distintas de rana, dos de las cuáles se dejaron grabar y una de ellas coger (aunque no besar); y un sapo asustadizo que también se dejó grabar.
  A las nueve y media me dirigí a las cercanías del eucalipto del monasterio, a esperar que anocheciera para "ver" (más bien escuchar) a las cabras montesas yendo al río a beber (y de paso a ver si volvía a ver al sapo alpinista). Antes de la puesta de sol, sentado a la orilla del Batuecas, pasó ante mí una gran libélula amarilla dándose panzazos contra el río graciosamente, lo que me hizo reir; y al echarme hacia atrás de la risa, tiré la botella de agua, que estaba abierta, hacia donde tenía el móvil, obligándome a abalanzarme sobre él (sobre todo para salvar el registro visual de la expedición), resbalándose de la roca mi pie más lesionado y precipitándose al río...

Autillo, Otus scops*.
  Tras un buen rato de espera sólo había logrado escuchar brevemente unos ruidos, aparte del canto del autillo, que parecían las tímidas pisadas de una cabra joven, y como no tenía pinta de animarse la cosa, volví al monasterio, pues estaba cansado, tras cuatro días caminando por el río, el bosque y el monte, y algunas pequeñas escaladas; y tras las cinco horas de marcha que me había suministrado ese día para ver el "chorro".
  Me dormí enseguida, y, al día siguiente, tras recoger la habitación, guardar el equipaje, despedirme de los habitantes del Desierto (y de recibir un obsequio del virtuoso padre Ramón, así como su deseo de que volviera pronto) me di un último paseo, donde vi una mariposa ortiguera (Aglais urticae), entre las numerosas y ya familiares especies de mariposas y algunos caballitos del diablo.


  Tras comer y bañarme con mis padres (Homo sapiens) y mi perrita (Canis lupus familiaris) Laika (que, pese a ser la que más calor tenía, se negó a bañarse, aunque sí se mojó un poco), regresé (con gran pena de irme, pero contento de haber podido ver al menos 40 especies vegetales y 55 animales, y de haber disfrutado de buena comida y compañía, bellos paisajes, paz y tranquilidad) a mi Salamanca.


FIN  )

Flora y fauna vistas en Batuecas:



Flora vista en Batuecas:

·         Acebo, Ilex aquifolium
·         Adelfa, Nerium oleander
·         Álamo, Populus alba
·         Alcornoque, Quercus suber
·         Aliso, Alnus glutinosa
·         Amapola, Papaver rhoeas
·         Avellano, Corylus avellana
·         Brezo, Erica australis
·         Campanilla, Convolvulus arvensis
·         Campanula, Campanula periscifolia (o similar)
·         Caqui, Diospyros kaki
·         Castaño de Indias, Aesculus hippocastanum
·         Cerezo, Prunus avium
·         Chumbera, Opuntia ficus-indica
·         Ciprés, Cupressus sempervirens
·         Clavelinas, Dianthus carthusianorum
·         Dedalera o digitalia, Digitalis purpurea
·         Diente de león, Taraxacum officinale
·         Encina, Quercus ilex
·         Escoba, Cytisus scoparius
·         Eucalipto, Eucalyptus globulus
·         Granado, Punica granatum
·         Gordolobo blanco o candelera, Verbascum lychnitis
·         Helecho, Pteridium aquilium
·         Hiedra, Hedera helix
·         Jabonera o saponaria, Saponaria officinalis
·         Jara pringosa, Cistus ladanifer
·         Lechuga, Lactuca sativa
·         Lavanda (cantueso), Lavandula stoechas
·         Madroño, Arbutus unedo
·         Malva común, Malva sylvestris
·         Morera, Morus alba
·         Musgo arbóreo,  Evernia prunastri
·         Musgo  ¿?, Bryopyta 
·         Olivo, Olea europaea
·         Pino albar, Pinus sylvestris
·         Roble melojo, Quercus pyrenaica
·         Rosal silvestre, Rosa canina
·         Tejo, Taxus baccata
·         Vid, Vitis vinífera (o similar)

Campanilla, Convolvulus arvensis*

Malva común, Malva sylvestris*

Fauna vista en Batuecas:

Actinopterygii (Peces con aletas radiadas)

·         Bermejuela, Achondrostoma arcasii

Amphibia (Anfibios)

·         Rana europea común, Pelophylax ridibundus
·         Ranita de San Antonio, Hyla arborea
·         Rana patilarga, Rana iberica
·         Sapo común, Bufo bufo spinosus
·         Sapo partero ibérico, Alytes cisternasii

Arthrpoda (Artrópodos)

·         Abeja ibérica, Apis mellifera iberica
·         Abejorro común, Bombus terrestres
·         "Araña" Opilión de las paredes, Opilio parietinus
·         Araña Tetragnata extendida, Tetragnatha extensa
·         Caballito del diablo azul, Calopteryx virgo
·         Caballito del diablo verde, Calopteryx splendens
·         Cigarra de montaña, Cicadetta montana
·         Escarabajo acuático Acilius sulcatus
·         Escarabajo acuático semejante a Gyrinus natator
·         Escarabajo terrestre Pterotichus niger
·         Hormiga negra, Lasius niger
·         Hormiga carpintera, Camponotus lateralis
·         Libélula emperador, Anax imperator
·         Libélula vulgar, Gomphus vulgatissimus
·         Mariposa Apolo, Parnassius apollo
·         Mariposa Blanca de la col, Pieris brassicae
·         Mariposa C-blanca, Polygonia c-album
·         Mariposa Hormiguera de lunares, Maculinea arion
·         Mariposa Limonera, Gonepteryx rhamni
·         Mariposa Manto de oro, Lycaena virgaureae
·         Mariposa Ninfa del bosque, Limenitis camilla
·         Mariposa Ortiguera, Aglais urticae
·         Mariposa Sofía,  Issoria lathonia
·         Mariposa Vanesa o almirante rojo, Vanessa atalanta
·         Salatamontes de ala listada, Stenobothrus lineatus
·         Salatamontes de alas azules, Oedipoda caerulescens
·         Salatamontes verde, Omocestus viridulus
·         Zapatero común, Gerris lacustris

Aves

·         Autillo europeo, Otus scops
·         Carbonero común, Parus major
·         Cuco común, Cuculus canorus
·         Herrerillo común, Cyanistes caeurleus
·         Mirlo común, Turlus merula
·         Mirlo acuático, Cinclus cinclus
·         Pito real, Picus viridis
·         Ruiseñor, Luscinia megarhynchos
·         Trepador azul, Sitta europaea

Mammalia (Mamíferos)

·         Cabra montés, Capra pyrenaica
·         Gato montés, Felis silvestris
·         Murciélago grande de herradura, Rinolophus ferromequinum
o Murciélago de huerta, Eptesicus serotinus
o Murciélago de bosque, Barbastella barbastellus

Reptilia (Reptiles)

·         Culebra acuática o viperina, Natrix maura (o similar)
·         Culebra bastarda o de Montpellier, Malpolon mospessulanus
·         Lagartija batueca, Iberolacerta martinezricai
·         Lagartija de bocage, Podarcis bocagei
·         Lagartija de turbera, Lacerta vivipara
·         Lagartija roquera, Podarcis muralis
·         Lagartija serrana, Iberolacerta monticola
·         Lagarti verde, Lacerta bilineata
·         Lagarto verdinegro, Lacerta schreiberi


Rana patilarga, Rana iberica*
Hormiguera de lunares, Maculinea arion*.
C-blanca, Polygonia c-album*.
Ortiguera, Aglais urticae*
Carbonero, Parus major*.
Pito real, Picus viridis*.
Trepador azul, Sitta europaea*.
Gato montés, Felis silvestris*.
Lagartija de bocage, Podarcis bocagei*.
Lagartija serrana, Iberolacerta monticola*.
La belleza de las Batuecas también deslumbra en otoño.*
Las fotos con asterisco (*) están sacadas de Internet.